TREINTA Y TRES (Agosto 16 de 2008)

Cansado de esperar el llanto

Con la misericordia abierta

Parto al descontento.

 

A saberme gobernado

Por la perfección del tiempo

Y la insensatez del frio.

 

A reconocer el rito

Que sobrepasa las dudas

Y enaltece los delirios.

 

 

Agotado de tristezas

Que nunca he conseguido

Ni siquiera arrebatado.

 

Pleno de sutiles cantos

Con alabanzas y recuerdos

Jacto de soledades inconclusas.

 

Parto al mundo

Con inexacto azimut

Y las pupilas tibias.

 

Parto a la sal

A la inerte figura

Que penetra inconsciencias.

 

Colosal en los versos

Aniquilando ofrendas

Con faenas puras.

 

Me voy al egoísmo

En santidad de vocal

Con las lloviznas plenas.

 

Construyendo un legado

A la par del laberinto

Volviendo a ser espejo.

 

Reniego de nuevo la lealtad

Hago de mi altar plomada

Sacrificando la pureza.

 

Me convierto libre en pedestales

Acogiendo dilemas

Que descifran los segundos.

 

Huyo al destierro oscuro

Sin ningún colapso

En las montañas tenues.

 

Huyo a la timidez

De nuevo coartada

Para disimular mi prisa.

 

Soy el viento intenso

Que sostiene las caricias

En necedad y amargura.

 

Cansado de mentir

Ausente por dentro

Y pleno en la memoria.

 

Adoctrino la inconstancia

Entre fatigado y lerdo

Mientras olvido rebeldías.

 

Convierto el camino en muro

En frontera incesante

Separando fantasías.

 

Me retracto de nada

Pero me acepto perenne

Conservando tradiciones.

 

Rectifico los segundos

De cada maldición encarcelada

De cada grito sin motivo.

 

Muro, frontera, valla

Cerco de nardos

Acorralado de estrellas.

 

Me obligo a retener la muerte

Y ser hoz de mis palabras

Que delatan los cimientos.

 

Muro incierto

Mármol aglutinado

Como trono al rito eterno.

 

Alguna nueva transparencia

Otra nueva soledad

En el antojo miope por delirios.

 

Con más partidas que retorno

Menos compasión que decadencia

Y los mismos mortales desengaños.

 

No volverán las necedades

Ni las falsas noticias

De la quietud del rio.

 

Se despiden los misterios

Al retiro oculto

De saberse rebelados.

 

Adiós los malos días

Con  estrellas cotidianas

Y erupciones mutuas.

 

Quedan menos pragmatismos

En la quietud del silencio

Y en los tristes maleficios.

 

Con la fatiga en deleite

Lastre infame

Pesadez del vuelo lerdo.

 

Parto al honor

Al nuevo guía

Del atardecer incesante.

 

Parto sin retraso

En venas inquietantes

Y sueños puros.

 

Fragmento  mi alma

En treinta y tres retazos

De deleite y hedonismo.

 

Como si la verdad muriera

Y las noches abrazaran

Esta cruel felicidad…

 

Y la vida se perdiera.

 

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