HERENCIA

Ya en el borde mismo del destino
cuando las palabras no llegan
sino caen gravitantes al vacio
escribo el legado que se queda.

 

Una soledad para los cantos
tonadas de sol sin banco en los parques
y todo un inventario de versos olvidados.

 

Dejo mi sonrisa a las palomas
sucias de ciudad pero inocentes,
guardianas de templos caidos
con nidos en las grietas.

 

Para mis rencores
todo un verso afincado
en las verdades ocultas
que cegaran los atardeceres.

 

Para mi descendencia…
la vida.
la palabra de paso
y el nombre del creador
como consigna.

 

Dejo mi cadencia y ritmo
a los llantos prohibidos
y solo dos maldiciones
que adornen la mañana.

 

Dejo un pasado
«subrayado y en negrilla»
parafraseando los segundos
que nunca fueron propios.

 

Los inventarios tardíos
nunca se movieron,
por eso la herencia es incompleta.

 

Dejo las sobras de dolor
para los cuervos buenos
para el oscuro brillo del soslayo.

 

Dejo mis pecados
al angel guardián
para que recuerde las batallas
libradas en mi nombre.

 

Parto sin carga
me despido sin alhajas
desnudo de nostalgias
y de redenciones.

 

Heredo mi conciencia
a la locura del mundo,
sean bedecidos todos los poemas.

 

Comuniquese y otorguese
mi herencia profana
y que los desheredados celebren su triunfo.

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