VESPERTINA DE DOMINGO

La misma necedad
de un fin de ciclo estéril
y sin alguna alternativa.
 
Hay fiesta,
la ciudad de la Luna
celebra la llegada de septiembre,
y mis pasos cansados no se inmutan.
 
Prefiero el calor de mi poltrona
acunando dos libros
en simultánea de perderme
también en otros mundos.
 
Las calles me llenan de hastío,
es el efecto de la misma suerte
cuando invito a un tango
y termino en soliloquios y paseos vespertinos.
 
¡Ay de una tarde de letargo!
los segundos nos alcanzan
para descansar de nostalgias y de olvidos.
 
Y no alcanzan las dudas
a disminuir mi altivez
ni mi estado de aplomo.
 
Ni son suficientes los versos
para despedir el domingo
que se sonroja indefenso
contemplando las esquinas
de todo el Laberinto.

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