SENTADO (en el Laberinto)

Sentado, en paz.

Me dejo llevar por «Dove sono»
hasta la cumbre de la tristeza.

la Condesa no está sola.

Mente, paciente equilibrio,
el frío ausente por la calidez de mis segundos.

El descanso a la amargura
llenando de palabras las sonrisas
y de alegrías el pulso del viento.

¡Siéntense pues también,
bardos y rapsodas!
que los versos anidan
en parajes del verbo.

Sentados todos y atentos
liberando de pasado las almas
y siendo red de las palabras
que se entrelazan en absurdos.

Solo me pondré de pie
el día del canto alado
y la elegía de mi abismo.

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