VANAGLORIA

El efímero instante
que me creí dueño del mundo
y soberano del destino.

Creí ser dios de la eterna entrega,
amo del ritmo en danza de miradas
maestro iluminado de soslayos y promesas.

Laureles falsos,
gloria sin pacto y sin firma
soledad escondida en la verdad del viento.

Altivo gobernante de misterios
ciego de ilusión, creí entender lo eterno.

Solía usar los versos
para describir mis presagios y mi dicha,
poeta del romance más puro
fue mi título pro tempore
y fui destituido.

Cansado de honores sin savia
llené mi copa con la bilis negra
y me hice proscrito
para ocultar mi abdicación y mi destierro.

Solitario y recluido
espero en silencio el llamado del sol…
dejando en el olvido
mis cuarteados pergaminos.

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