OVILIS UNIUSQUE PASTORIS

Bogotá, día de lluvia.
 
Agosto envejece junto a mis días grises,
toda la esperanza se ha anudado en lastre
y se pierden las caricias prometidas.
 
Incluso el rencor se sonroja, las cartas en tinta
prefieren ser del fuego, mientras los amigos abrazan las nostalgias,
he sido un buen reidor de toda mi tristeza.
  
Las noches de embriaguez se hacen rutinarias, confieso llevar mi vida
entre la música prohibida, los besos furtivos y la falsa entrega.
La danza permanece intacta, un rito nocturno buscando redenciones.
  
Y todo empezó un día, el tercero del mes que prometía la plenitud del siglo.
Absurdo soñar y creer sin miedo en las ilusiones buenas, absurdo entregarle todo
a la magia que acercaba las pieles entre deseo y vida entera.
  
He cambiado los poemas por una prosa incierta, un intento de carta al viento
cuando no hay mas salida que las letras como escape y catarsis de la desventura.
  
Ensayo en mi máquina unos versos viejos, y registro en papeles sucios toda mi intención de dejar de lado la poesía… pero me puede mas la nostalgia y el deseo de ser dios en un parnaso que no encuentro lejano. Si, debo aceptar que no supero la cordura ni las ganas de volar directo a lo incierto y al olvido.
  
Mis tristezas son peninsulares y tienen nombre propio, pero es mejor dejar en el anonimato todas las causas para no sufrir tanto los efectos, confieso que he quedado inútil y roto, mis palabras se ausentan cada vez mas de las montañas y se refugian buscando el mar… el sol y la sal son la única salida.
  
Viento, de nuevo viento en mi memoria, también vacío y venas que han apaciguado su torrente mientras llevan en calma la savia hacia mi alma. (Dardos en mi diana, pero duelen como punzas en el alma y se alejan dejando solo cicatrices.)
  
Agosto envejece y sigo con la necedad del tiempo, dejando de lado la ridícula escafandra y abriendo mis ojos a la noche esbelta, lo se, también mis manos sienten el calor de las sirenas mas mi barco es soledad y mis velas no se alzan frente al viento.
  
Dedico mis segundos a la luna nueva, a las noches oscuras sin estrellas, dedico mis pasos a danzarle al tiempo y mi ser al mester de la nostalgia.
  
Nostalgia, si, nostos puro y franco, nostalgia de las promesas de montaña y de una temporada en el desierto. Recuerdos de noches de danza y de compartir sin prisa el dolor mutuo del olvido.
  
Ausencia, también, cuando en un instante dejé mi orgullo y se hizo aliento del inminente desprecio… y dejar que el mar borre las culpas, y que el viento se lleve para siempre todos los recuerdos.
 
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