DECÁLOGO DE LA TRISTEZA

La primera voz debe ser tenue
los ojos apagados y la melancolía,
las tardes de dolor con los anhelos
y las ausentes palabras de la dicha.
 
El segundo momento es de delirios
de soñar imposibles y oropeles
de engañar el destino con poemas
y escribir ilusiones y promesas.
 
La tercera ocasión es un influjo
de las promesas idas y añoranzas
de percibir tu alegría sin mis versos
y saberme refugiado en el olvido.
 
El cuarto cataclismo es impactante
un solo rencor, una insolencia
los gritos silentes de mis llantos
grabados en versos de delirio.
 
La quinta profecía es heredada
escrita en los libros de lo eterno,
se hacen oda las campanas sacras
anunciando lo que guardan los recuerdos.
 
Seis días de ansiedad y de mutismo
mis pactos anudados al destierro,
mi voz que se apaga entre murmullos
decido refugiarme en toda la nostalgia.
 
Siete veces puedo ir acopiando
toda la soledad intencionada,
hago de mi estado un buen camino
para sanarme así, sin tanto llanto.
 
Octavo fue el mes del propio cisma
cuando inicia el camino de tristeza,
las flores, el rencor, los malos días
y el profundo dolor de todo el verso.
 
Nueve veces mi piel se ha grabado
con la misma tinta del olvido,
mis marcas son vestigio del viento
donde no hay luces ni victorias.
 
Y diez veces insisto en rebeldías
en emancipar las dudas y los llantos
para darle la fuerza a la tristeza
y usarla cual muralla de todo el Laberinto.

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