LAUDADA MÍA

Siento tu ausencia
como el triunfo del destino
cuando hay deudas pendientes
y secretos guardados en olvido.
 
Siento mi soledad,
esa que inició con el silencio
y con mis culpas puras
al tratar de retenernos.
 
Aún así,
en contra de todas las promesas
movido por mi instinto
y con inercia impulsiva
sigo escribiendo poemas al vacío.
 
Aún así,
sigo coronando de laureles
tus pasos y tus sueños,
sigo deseando un futuro de sonrisas.
 
Siento tus ojos en mis días
(tan solo una ilusión de mi fracaso)
y murmuro las canciones de julio
como cuando estaba viva toda la esperanza.
 
Siento, por fin,
mis pasos inciertos
hacia tu quietud peninsular
esperando solo un abrazo
así sea aquel de despedida.

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