A LO INJUSTO

A dos cosas hay que acostumbrarse, so pena de hallar intolerable la vida: a las injurias del tiempo y a las injusticias de los hombres. Nicolas de Chamfort

En la era de todos los delirios
cuando la tristeza vencía
y los brazos del alma se soltaban exhaustos,
aparecen los ojos de la dicha.

Radiante y esbelta,
acariciaba el aire con su andar de luna
y dejaba un rastro de luz su aura cuando iba.

Quedé inmóvil ante sus pausas
mientras hablaba con el acento del verso puro.

Supe de sus triunfos y de sus heridas,
supe de su soledad y de sus miedos
mientras esgrimia verdades con su franco verbo.

Nos acercamos con la inocente excusa de sabernos libres
y coincidimos en algunas páginas del viento.

Pudimos ser la muestra de lo pleno
equilibrando días, festejos y caminos
mientras volábamos sonriéndole al sol
y abrazándonos levitantes y altivos.

Más, vino otra verdad indestructible
un evento designado a romper el ritmo.

Un muro, una frontera, un fuerte pacto
una verdad, osadía del destino.

Lealtad ante lo eterno
y el juramento que duele
y devuelve dolor al cruel camino.

Ella insiste en sonrisa intacta
yo me alejo muriendo en la partida.

Y que sea el tiempo quien nos muestre el norte
y que sean los cantos quienes den el equilibrio.

Para así poder volver al verso
y no cantarle nunca mas
a los muros de lo injusto.

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