VEREDA

(Buenos Aires, 2010)
 
Llegué a la bifurcación
donde el destino me mostraba un paso,
escogí guiado por lo escrito,
el camino se mostraba abierto.
 
Anduve los recodos bellos,
la magia de parajes claros
y en las noches,
la compañía de luna y viento.
 
El campo, la montaña,
el río a la provincia
y las ganas de amar
el verde entero.
 
Todo me acogía,
todo recibía mis pasos
y sentía el ritmo de la hierba
acunando mi descanso.
 
Amaneceres en colinas frescas
y ocasos en valles de candor,
alguna lágrima en las noches frías
pero aparecía el abrigo de Selene.
 
Una vereda hermosa
entre libertad y plenitud
llenando todos los vacíos
y grabando en el camino
todos los poemas.
 
Un largo paseo,
distraído por el buen paisaje,
atraído por todo los recodos,
cegado por toda la dulzura.
 
Y así, la vereda bella
me trajo a donde nunca,
al lugar que no sabía
al que no había soñado.
 
Vereda a ninguna parte,
cuando disfrutas el viaje
y llegas al momento de sentirte ajeno.
 
Llego a algún destino
donde la soledad es reina
y la tristeza
la única compañía.

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