SUEÑOS DE MICTLÁN

Amable y oscuro,
la puerta y el cachorro atento,
el río y la iguana
el fluir del deseado viaje.
 
Pasado el río
se alzan las montañas
y pido permiso para cruzar sin pena.
 
Antes del camino
me despojo de mi todo y de mis carnes
ya no hay dolor en mis pupilas
y no siento el fragor de pedernales.
 
Luego el frío y el viento
la eterna nieve y los áureos riscos,
vientos del norte y fuerza del rito
las agrestes cumbres y la hermandad de los vientos cardinales.
 
El desierto etereo
donde gravitan las angustias
y solo sobreviven los aplomados versos,
he logrado vencer la deriva de las dudas.
 
El camino de punzantes dardos
donde mi Magen me blinda de la doble muerte
y evito con poemas las afiladas puntas.
 
Y así el corazón sincero
se ofrece abierto al aliento de las bestias,
el jaguar se hinca en reverencia
y me permite andar sin ataduras.
 
Y ya, solo el alma descarnada
puede fluir por entre la corriente,
aguas sin dolor, ríos del tiempo
y el gusto de nadar por la conciencia.
 

Despojado de todo
y lleno de mi mismo,
uno con el verso y por fin en el centro de todo el laberinto…
Llego al hogar donde me esperan
desde el mismo momento en que vi la luz
del infierno terrenal de mis delirios.
 

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