CRÓNICAS

I
Hay certeza en el linaje de los seres buenos,
y conozco muy bien la tradición de la mesura y la paciencia.

De mi padre vienen la palabras calmas
la mirada que analiza incluso los silencios.

De mi padre también el ímpetu de honor y de justicia
y la inconforme necedad de no querer pasar entero.

Un verso a sus ancestros de tierras buenas y cantos puros
a los campos donde mis abuelas honraban el sol con sus manos fuertes.

Recojo toda la bondad de sus pasos
y descarto cualquier afrenta a la memoria de sus actos.

De mi padre heredo sus nostalgias y aciertos
y los aprendizajes de sus pocas dudas
cuando aprendíamos a reconocer la casta de los sueños.

Un atardecer lleno de luna
y el escudo Delgado adornado de calderos y estrellas
«Ave Maria Gratia Plena»

II

Historias de la nobleza escondida
y de la diáspora de los hijos de la piedra.

De mi madre la danza y la palabra justa
el tesón de los hijos del desierto
mezclado con la alcurnia de gentiles buenos.

Canciones de juglares y poetas perdidos
entre las lineas del tiempo se esconden las proezas.

De mi madre la timidez de mi piel
y la nívea certeza de saberme eterno…
también de mi madre la sangre de un oasis
y los genes tardíos del África y el viento.

Ojos de dunas
abrigado por talit y capas de hidalgo,
una conversión pasada que aflora en el magén
y justifica en los días el conflicto de mi apostata simpleza.

De mi madre la fé que he transformado
y la protección de sus rezos
cuando prefiero los templos de cascadas y versos.

Más todo el amor que acuna mis palabras
y el honor de sentarme a la diestra de su llanto.

Un amanecer pleno en alcurnia
y el escudo de oro y sable
coronado en frescas margaritas.

III

De Carmen la bondad, de Margarita la fuerza
De Armando la poesía y de Leónidas la esencia.

De mis ancestros todo
más de mí la nobleza de los segundos francos
cuando aprendí de cuantos desaciertos
y coleccioné los pasos para llegar al lugar de mi templanza.

De mis ancestros la herencia
que quedará en los ojos de Alfonsina
mientras lee mis memorias en el día de mis últimos versos.

Y al final,
de la mano contigo, Marcela…
cerraré las crónicas de mis recuerdos
para sentir tus caricias sinceras
y darte el amor que destilara mi tiempo.

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