CARTA EN VESPERTINA

Pequeña:
 
Recuerdo el día que llegaste al mundo
ojos de luz y gracia en cada balbuceo
tus manos se aferraban a mis temores
y me dieron fortaleza en el camino.
 
Era Domingo y como día de fiesta
llegaban los reyes a anunciar tu espacio
mientras los versos se juntaban en tu nombre.
 
Era el final de la tarde
y por fin llegabas tierna y decidida
sonreíste a mi universo y diste todo el sentido a mis pasos.
 
Amada hija,
desde la inmensa distancia que el siglo nos impone
reafirmo mi amor y mis días
para acercarnos siempre en cada vespertina.
 
Confío en tu serenidad y en tu dulzura
y agradezco cada instante de tenerte,
estás siempre en mi alma
a pesar de que el mundo nos confina.
 
De tus ojos, toda la luz
de tus sueños, la certeza de mis triunfos
y a tu lado la fuerza del amor que se hace eterno.
 
Ya tu camino se abre en múltiples senderos
ya tus pasos se afirman al destino de bondad
y entre arpegios de alegría le danzas al viento.
 
Hermosa y serena
pausada y sensible
hija de mis poemas y de toda mi alegría…
 
A ti mis días de amor
a ti mi fuerza y mi destino,
por ti cada suspiro en los atardeceres frescos.
 
Gracias pequeña mía,
le das siempre sentido a mis palabras
y toda la fuerza para seguir redimiendo el mundo
con los versos que emanan del amor que te profeso.
 

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