CARTAS A UN VIEJO POETA carta 2

Cali, Noviembre de 1995
 
Poeta, aquí los días son de ardor y penas mientras las noches (algunas) puedo sentir la paz del silencio de mi mente.
 
He escrito algunas cartas y he leído las suyas mientras oigo de nuevo los versos en trova y me abstengo de juzgar mis propios desaciertos.
 
Vino Armando, cambiamos historias fantásticas y poemas que sé que pronto irán al olvido, pero el diálogo ayuda a despertar los sentidos para, ya sabe, estar predispuesto a oír el alma. Mis días aquí se hacen leves cuando recuerdo que usted mismo pasó más joven por la academia y sintió la apatía de saberse ajeno. Somos reflejo de las decisiones simples y de las consecuencias de los propios pasos.
 
Hay noches de nostalgia y versos mientras sueño con la huida hacia lo incierto. Pero también el momento es propicio para mantener el cuerpo atento al equilibrio y forjar la fortaleza donde alojaré todos mis recuerdos.
 
Mantengo correspondencia con el lazo de mi casa y con las bases de quien soy (la familia siempre atenta), soy el orgullo de quienes prefieren la hidalguía de los colores y los signos, pero debo prepararlos para el momento en que pueda salir de aquí sin haber cerrado el ciclo. Empezaré de nuevo sin mayor reparo.
 
Me quedo con uno de sus versos
«¡Qué expresión fue sembrada en mi interior
para que, cuando crece tu sonrisa,
proyecte sobre ti espacio cósmico!
Pero tú no vienes, o vienes demasiado tarde.
Precipitaros, ángeles, sobre este
linar azul. ¡Segad, segad, oh ángeles!»
 
En el cielo esperan por mis decisiones y el angel de siempre aguarda paciente el momento de mi despedida, los poemas que no he escrito también esperan atentos para salir en búsqueda de los ojos que sabrán interpretar los secretos escondidos entre versos, metáforas y absurdos.
 
Me daré unos meses más, poeta. Debo esperar que se confabulen los espejos y que el fin de siglo prepare el momento para enfrentarme a nuevos pulsos.
 
Un día las cartas verán la luz y serán el inicio de otros tiempos donde los poemas que amo se liberen y las ensoñaciones de promesas buenas se hagan laurel y olivo para saciar el sagrado pacto que aguarda mi egoísmo.

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