1990

Ara del Templo de Aquino, Agosto 1990
 
Cumplí,
escribí las lineas que marcaron el pulso
y expresé con simpleza la esencia de mi tiempo.
 
Narré con mi voz y mi inocencia
la reflexión de bondad que inspiraba mis sentidos.
 
Fue el inicio de todo el laberinto
reconociendo mis pasos elevados a lo eterno
y sabiendo que el legado estaba en los poemas.
 
Cumplí los quince agostos filosofando templanzas
y añorando las lecturas y el respiro hacia lo cierto.
 
Describí mi confesión
y me declaré el meditante de todas las promesas.

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