MAESES

Madre, la elocuencia del silencio
la ternura con toda la firmeza
la intensión de las plegarias
y la bondad de las creencias.
 
Padre, los momentos reflexivos
el amor al paisaje y a lo humano
las palabras de inquietar verdades
y de hacer se cada acto un triunfo.
 
De la niñez todo el cuidado
el afán de los días buenos
mutando las angustias en risas.
 
De la juventud, la comprensión
la enfocada rebeldía y las palabras
cada lección de coregir el rumbo
dejándome explorar aprendizajes.
 
De la adultez, algún olvido
la tranquila aceptación de mis temores
y la presente certeza de todo lo entregado.
 
Madre siempre atenta
Padre siempre en calma
y sus voces que acompañan
el triunfo de todo lo aprendido.

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