CARTAS A UN VIEJO POETA carta 8

Madrid, Verano de 2019

Llegué el día del calor profundo, expectante y con mi alma abierta a recibir las señales de mis ancestros escondidos. Madrid me recibe con la pérdida de mis lentes de sol recién comprados… por descuido pero debo decir por el impacto del canicular aliento con el que me susurra una bienvenida. Al llegar sabía que te encontraría porque deliberadamente mi viaje buscaba dejar un poemario en los anaqueles de las viejas librerías madrileñas. Hice un recorrido por las calles, en las terrazas las cañas y en los estantes ambrosía y allí justo en el medio de la Calle de la Magadalena, en el 32 me recibió La Fugitiva, allí pude encontrar no solo los sabios mensajes de la magia de los libros, la luz y la emoción del ritmo sino la complicidad perfecta para soltar esos versos del poemario que sirvió como capote para esquivar con suerte la estupidez de la faena. Y en el preámbulo de la velada descubrí subliminales susurros que daban indicios de salida a las penurias intensas del momento; Pat Barker se apresuraba a mostrar su libro que recordaba claramente que soy griego entre troyanos, Chejov se presentaba con la historia de habladores que exageran las notas. Entre estantes y mesas apareciste radiante en la vitrina, en el lugar perfecto, la edición de Palacios del Libro de horas brillaba perfecto invitando a la lectura. De los tres libros me quedé en los versos finales del segundo, pasé unos minutos con el libro en la mano y los ojos del alma brillando elevados al viento.
 
Madrid, jueves 3pm y el calor insistía. Almas conjugadas en derredor de los versos y palabras en un sótano que queda para mis memorias buenas. Siempre tu viejo poeta en los momentos sublimes y en este punto de inflexión en mi destino. Cuando vuelva no seré el mismo, he dejado en la arena la sangre de un pasado indeciso y sin pulso y le doy la bienvenida a mi presente eterno. Allá en el nuevo mundo me espera una Mar y un Cielo que he buscado desde siempre. Parto con el ánimo vibrando en Sol y mis versos alzadas las velas y rumbo a los besos del alma que me abriga.
 
Se que hay Dios en ti y en mi, en todos y en toda la energía. Entiendo tus palabras y los mensaje de magia del momento. Este es mi tiempo, 2019 y el amor me invita, espero verte después y contarte la dicha de todos mis aciertos.

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