OYENDO A SILVIO (agosto 16)

Le quito el peso al olvido,
renuevo un compás que se repite en mi alma
y que quedó grabado desde el tiempo del llanto,
desde el tiempo de las angustias simples
cuando un solo verso definía mis verdades.
 
Porque no niego que danzaba al son cubano,
y que entre rebeldía y desapego
mi esperanza criticaba lo que yo desconocía.
 
Renuevo hoy mi gusto por el arpegio dulce
y por las letras que invitan al rumbo,
por las noches de hogar encendido (ya sin vino pero con susurros) y por la bocanada antigua en mis abiertos cantos.
 
Había enterrado la memoria de esas letras
pero pronto se despiertan los versos
y la estupenda rima en tiempo de trova y rebeldía.
 
Había olvidado los mensajes directos,
las frases dardo y alguna arenga
en el virtuoso puente de la canción profunda.
 
Hoy,
Justo en el día de mis cuarenta y siete madrugadas, en la hora de viento y el instante de triunfo,
dejo que las canciones llenen mi nostalgia
y que mi Mar y Cielo sientan la verdad de los recuerdos.
 
Susurro un coro;
se agrieta mi voz
se humedecen mis pupilas
tiemblan mis labios… y llega un beso.
 
Un beso, el único presente abierto y puro
un beso en la mañana de esperanza y frio.
 
Una mañana y oimos a Silvio
que nos trae al ahora
toda la verdad del tiempo ido
y toda la esperanza en un atisbo.
 
Le quito el peso al olvido
y toda mi vida se encapsula
y se hace eterna con la sal de tus gotas de rocío.

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